

La Revolución Industrial se extendió por toda Europa a lo largo del siglo XIX, aunque a España llegó con retraso, remontándose los inicios de la industria cementera a finales de ese siglo. Concretamente, la primera fábrica de cemento artificial se inauguró en 1898 en Tudela Veguín (Asturias) y contaba con una capacidad de producción de 15.000 toneladas anuales.
Las primeras fábricas de cemento artificial, en las que aplicaron las nuevas tecnologías importadas de la época, eran de carácter familiar y derivaban de los hornos de cal. Así, la primera planta de cemento artificial del siglo XX pertenecía a la Sociedad Comanditaria Hijos de J. M. Rezola y se constituyó en 1900 en Guipúzcoa. Un año después se fundó en Cataluña la Compañía General de Asfaltos y Portland Asland, S.A., que instaló su primera planta en Barcelona. Posteriormente, en 1903 la Sociedad de Cementos Portland S.A. (El Cangrejo) se instaló en Olazagutía, Navarra.
Coincidiendo con los años previos a la Primera Guerra Mundial se inició una época de crecimiento económico, en la que la industria del cemento fue impulsada por la demanda del sector eléctrico y la construcción de viviendas. En ese periodo la producción alcanzó las 400.000 toneladas anuales, cuatro veces más que en 1909.
Consolidación de la industria cementera (1923-1929)

Además del impulso que las obras públicas supusieron para el consumo del cemento, los sectores siderúrgico, metalúrgico e hidroeléctrico tuvieron importantes avances que animaron a la demanda del cemento, por lo que entre 1923 y 1930 se duplicó la capacidad de producción y se triplicó la fabricación. A pesar de que se instalaron nuevas fábricas fue más relevante la ampliación de las ya existentes, en las que se reemplazaron los antiguos hornos y se mejoraron las instalaciones de cantera, molienda, transportes, etc.
Estos avances permitieron que en 1929 se alcanzase un máximo de producción de 1,55 millones de toneladas que no se volvió a superar hasta después de la Guerra Civil. Ante este entorno favorable, los cementeros decidieron crear en 1931 la Unión de Fabricantes de Cemento de España, consolidando la agrupación creada en 1925 y precedente de la actual Oficemen, para velar por los intereses generales del sector.
Crisis de la industria (1929-1939)
La consecuencia de la Crisis del 29 fue la caída de la producción industrial que no se recuperó hasta 1935, si bien esta mejoría se vio truncada por el estallido de la Guerra Civil en 1936.
La capacidad de producción al inicio de estos años era de 2,6 toneladas anuales con 29 fábricas de cemento portland, con un total de 49 hornos rotatorios y 32 verticales.
Autarquía e intervencionismo (1939-1950)
Las instalaciones de la industria cementera no sufrieron sensiblemente durante la guerra. La demanda de cemento tras el final de la guerra se incrementó notablemente debido a las labores de reconstrucción, de tal forma que la oferta era incapaz de suministrar las cantidades que se solicitaban, lo que ocasionó importantes estrangulamientos en la construcción por falta de cemento, acero y metales no férricos.
Es de destacar también la labor investigadora que se desarrolló en estos años y que tuvo como referente la creación en 1949 del Instituto Técnico de la Construcción y del Cemento (Instituto Eduardo Torroja).